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En la actualidad, ya no es importante solamente saber trabajar en equipo, hay que saber hacerlo también de manera colaborativa. Esto exige mucho más esfuerzo a los profesionales aunque a cambio se consiguen grupos más eficaces y con mayor productividad.

El trabajo colaborativo implica mayor flexibilidad y una comunicación más fluida. Este tipo de trabajo pretende crear espacios en los que cualquier empleado pueda expresar libremente su punto de vista, y por lo tanto, aportar un valor añadido con propuestas que puedan servir para detecta nuevas oportunidades.

Google es un claro ejemplo de un método de trabajo colaborativo, opera bajo la filosofía de que cualquier empleado puede ser el creador de una gran idea. En este sentido, son necesarias plataformas en las que los profesionales contribuyan con sus conocimientos. Aunque esta metodología empieza a ser común en las firmas tecnológicas, el reto es que se extienda hacia el resto de las organizaciones. Alberto Barreras,"manager"de People Excellence, reconoce que hay cierta confusión en torno a este concepto: “Hay compañías que simplemente disponen de herramientas para gestionar sus contenidos en la nube. Otras empresas conciben estas plataformas como un medio para alcanzar sus objetivos y generar entornos para que cada interacción sea un aprendizaje”. Barreras apunta que la tecnología sólo es un medio para que el trabajo en colaboración funcione. También hay que revisar aspectos como la estructura y la actividad de la compañía. Tommaso Canonici, director general de Opinno Europa, sostiene que “la colaboración, la flexibilidad y el espíritu de adaptación son las claves para implantar cualquier estrategia”.

Están apareciendo metodologías que se basan en el sistema de trabajo colaborativo. Marta Romo, socia directora de Be-Up, menciona el modelo Agile, en el que “se acepta que los problemas no estén bien definidos y el desarrollo de los proyectos es dinámico, pues está abierto a cambios. Asimismo, otorga responsabilidad compartida a todos los miembros de un equipo. Por ejemplo, se puede tener un jefe diferente en función del proyecto en el que se participa o que exista un perfil que dinamice y facilite la resolución de interacciones”.

Para que todo esto funcione, hay que crear equipos flexibles que persigan un objetivo común. Estos son algunos de los puntos críticos que conviene tener en cuenta:

La sobrecarga colaborativa.

Según una investigación de Harvard Business Review en la que se estudiaron a más de 300 empresas, el trabajo colaborativo suele estar desequilibrado. El 20% de las tareas que aportaban valor añadido procedían de entre un 3% y un 5% de los profesionales. Hay perfiles que son más requeridos que otros y tienen un exceso de peticiones. Si esto sucede, se corre el riesgo de que se produzca un efecto de “cuello de botella”, es decir, que una actividad no se realice si antes no pasa por esas personas. También existe el peligro de que estos profesionales, que están realizando un esfuerzo extra, abandonen las tareas para las que fueron contratados y, al final, sean menos eficaces. Se pueden sentir desmotivados y poco a poco empezar a desvincularse de la compañía. Esto ocurre, sobre todo, porque no se suelen establecer incentivos que reconozcan la labor crítica que realizan.

La pérdida de seguridad.

Los sistemas tecnológicos implantados deben ser seguros y proteger la información, evitando riesgos de ciberseguridad que puedan afectar a toda la organización.

Confusión en el liderazgo.

Se trata de un liderazgo ‘’en equipo’’, independientemente de que alguien destaque por sus habilidades para gestionar al equipo. ‘’Lo ideal es que todo el grupo establezca las normas’’, asegura Hay que buscar el equilibrio para evitar ralentizar los procesos y perder productividad.

La invasión en la vida personal.

La tecnología favorece los entornos colaborativos ya que permite trabajar en cualquier momento y desde cualquier lugar. Para ello es importante que las empresas gestionen esa conexión continua, pero esto puede tener un efecto negativo en el bienestar del equipo.